“Para mí, la sensibilidad no sólo es esa facultad que el actor tiene de emocionarte con facilidad(…) sino que desde la imaginación de donde parte”. Talma defiende que la sensibilidad actoral no es únicamente la capacidad de emocionarse, sino tener esa imaginación creadora, capaz de imaginar y proponer. Me parece muy interesante que le dé importancia a esto, a la capacidad de introducirse en las circunstancias dadas, de proponer una creación de personaje… Creo que es un acercamiento al trabajo que realizamos nosotros ahora previo a una escena. Esta sensibilidad es parecida a esa capacidad de crear personajes vivos en escena, que tengan un recorrido, que vivan en una época concreta…Habla también de la inteligencia que viene después de esta sensibilidad. La cree esencial para ordenar todas las ideas, para “poner a funcionar” esa sensibilidad. Hace una comparación muy interesante entre el trabajo del poeta y del actor. Al poeta puede llegarle la inspiración en cualquier momento puesto que su obra es escrita, pero el actor tiene que tener la capacidad sensible de emocionarse en el momento en el que está en escena y además compensarlo o estar en equilibrio con su inteligencia (como la parte consciente que hace que controle su cuerpo y movimientos). Es muy interesante que le de esta importancia a estar “vivo” en escena, a tener escucha activa, a ser capaz de recibir, a rechazar esa declamación que había en el momento y apostar por lo que él llama dicción “natural” (más cercano a la organicidad que buscamos ahora).
Me sorprende cómo Talma ya habla del “y si mágico” que conocemos por Stanislavski cuando menciona la sensibilidad y la capacidad del actor para encarnar todas las circunstancias dadas. Siento que la manera de la que habla Talma de la sensibilidad refleja perfectamente la importancia de creer en el trabajo que se ha hecho antes de salir a escena, de lanzarse a explorar en directo teniendo de base el estudio que se ha hecho previamente. Talma defiende que el actor, sobre todo en la tragedia, use su imaginación para creer en este “y si mágico” pero no para salir a escena con la misión de encontrar la emoción, sino como recurso para que esta aparezca genuinamente. Creo, al igual que Talma, que la capacidad de emocionar no se encuentra en la fuerza con la que se interpreta la emoción, sino en las pequeñas y sutiles cosas que la inteligencia nos descubre antes y mientras estamos en escena, en directo. Es esta inteligencia que ordena y agrupa el trabajo previo del actor la que le permite soltarse en escena, y poner en funcionamiento la escucha activa, confiar en que la emoción está y predisponerse/lanzarse a sentirla, sin ser lo único que busca o lo único que ocupa su mente. No he podido evitar relacionar la idea de luchar contra la emoción como personaje con los matices que el actor completa su interpretación, cuando Talma habla de la inteligencia. En clase hemos hablado mil veces de la lógica del comportamiento humano, de cómo resulta más lógico que el personaje luche contra la tendencia del actor de mostrar la emoción, un comportamiento que solo se puede matizar si se estudia razonablemente, y se disecciona. También, la idea de inteligencia de la que habla Talma en la interpretación me ha hecho reflexionar sobre la responsabilidad del actor de "actuar como abogado del diablo", de no aceptar cualquier idea o inspiración por buena, sino de ser capaz de discernir y juzgar "qué impresiones nos hacen verificar esta sensibilidad", la verdadera emoción.
No puedo estar más de acuerdo en lo que defiende Talma. Primero me gustaría comentar esa sensibilidad de la que habla. No es ser más propenso a emocionarse si no de qué lugar de uno mismo viene esa sensibilidad. Lo uniré citando lo último que dice en el artículo: " Todo actor debe ser su propio instructor. si no tiene en él las facultades necesarias para la expresión de las pasiones, para la pintura de sus caracteres, no les podrán dar todos los consejos del mundo. El genio no se aprende esta facultad de crear nace en nosotros y si el actor la posee entonces el criterio de la gente con gusto podrá guiarle..", creo que habla de cómo nos tenemos que formar a nivel intelectual, sentir curiosidad por todo lo que rodea a nuestra pasión. No hay mayor manera de aprender que la cultura y el conocimiento. Eso es trabajar tu sensibilidad, porque cultivándote tienes mayor criterio, mayor imaginación y puedes encontrar más facilmente una conexión entre las palabras del poeta y tus acciones.
Me gusta eso que dice Talma de que los actores más que traducir el pensamiento del autor sin añadir nada deben completar el pensamiento del autor. Creo que tiene mucho que ver con eso que decimos en clase de que nuestra labor es la de encontrar el subtexto, encontrar que de o que no dicen los personajes es más importante que lo que sí dicen y transmitirlo sin salirse de las palabras impuestas por el autor. También me acuerdo de cuando leímos a Uta Hagen, que defendía, como Talma, que el actor debe ser culto. Supongo que cuanta más cultura tienes, cuanto más sabes de cómo viven los que te rodean y de épocas pasadas, más puedes completar el pensamiento del autor. Lo que no llego a entender de este artículo es cómo diferencia Talma entre el actor trágico y el cómico. No habla de diferencias a la hora de abordar el estilo de la escena técnicamente aunque parece creer que estas diferencias sí existen. Lo que yo interpreto de lo que dice es que tenemos que quitarles a los personajes trágicos nuestra visión limitada, maniática y pequeñoburguesa del mundo
“Para mí, la sensibilidad no sólo es esa facultad que el actor tiene de emocionarte con facilidad(…) sino que desde la imaginación de donde parte”.
ResponderEliminarTalma defiende que la sensibilidad actoral no es únicamente la capacidad de emocionarse, sino tener esa imaginación creadora, capaz de imaginar y proponer. Me parece muy interesante que le dé importancia a esto, a la capacidad de introducirse en las circunstancias dadas, de proponer una creación de personaje… Creo que es un acercamiento al trabajo que realizamos nosotros ahora previo a una escena. Esta sensibilidad es parecida a esa capacidad de crear personajes vivos en escena, que tengan un recorrido, que vivan en una época concreta…Habla también de la inteligencia que viene después de esta sensibilidad. La cree esencial para ordenar todas las ideas, para “poner a funcionar” esa sensibilidad. Hace una comparación muy interesante entre el trabajo del poeta y del actor. Al poeta puede llegarle la inspiración en cualquier momento puesto que su obra es escrita, pero el actor tiene que tener la capacidad sensible de emocionarse en el momento en el que está en escena y además compensarlo o estar en equilibrio con su inteligencia (como la parte consciente que hace que controle su cuerpo y movimientos). Es muy interesante que le de esta importancia a estar “vivo” en escena, a tener escucha activa, a ser capaz de recibir, a rechazar esa declamación que había en el momento y apostar por lo que él llama dicción “natural” (más cercano a la organicidad que buscamos ahora).
Me sorprende cómo Talma ya habla del “y si mágico” que conocemos por Stanislavski cuando menciona la sensibilidad y la capacidad del actor para encarnar todas las circunstancias dadas. Siento que la manera de la que habla Talma de la sensibilidad refleja perfectamente la importancia de creer en el trabajo que se ha hecho antes de salir a escena, de lanzarse a explorar en directo teniendo de base el estudio que se ha hecho previamente. Talma defiende que el actor, sobre todo en la tragedia, use su imaginación para creer en este “y si mágico” pero no para salir a escena con la misión de encontrar la emoción, sino como recurso para que esta aparezca genuinamente. Creo, al igual que Talma, que la capacidad de emocionar no se encuentra en la fuerza con la que se interpreta la emoción, sino en las pequeñas y sutiles cosas que la inteligencia nos descubre antes y mientras estamos en escena, en directo. Es esta inteligencia que ordena y agrupa el trabajo previo del actor la que le permite soltarse en escena, y poner en funcionamiento la escucha activa, confiar en que la emoción está y predisponerse/lanzarse a sentirla, sin ser lo único que busca o lo único que ocupa su mente.
ResponderEliminarNo he podido evitar relacionar la idea de luchar contra la emoción como personaje con los matices que el actor completa su interpretación, cuando Talma habla de la inteligencia. En clase hemos hablado mil veces de la lógica del comportamiento humano, de cómo resulta más lógico que el personaje luche contra la tendencia del actor de mostrar la emoción, un comportamiento que solo se puede matizar si se estudia razonablemente, y se disecciona. También, la idea de inteligencia de la que habla Talma en la interpretación me ha hecho reflexionar sobre la responsabilidad del actor de "actuar como abogado del diablo", de no aceptar cualquier idea o inspiración por buena, sino de ser capaz de discernir y juzgar "qué impresiones nos hacen verificar esta sensibilidad", la verdadera emoción.
No puedo estar más de acuerdo en lo que defiende Talma. Primero me gustaría comentar esa sensibilidad de la que habla. No es ser más propenso a emocionarse si no de qué lugar de uno mismo viene esa sensibilidad. Lo uniré citando lo último que dice en el artículo: " Todo actor debe ser su propio instructor. si no tiene en él las facultades necesarias para la expresión de las pasiones, para la pintura de sus caracteres, no les podrán dar todos los consejos del mundo. El genio no se aprende esta facultad de crear nace en nosotros y si el actor la posee entonces el criterio de la gente con gusto podrá guiarle..", creo que habla de cómo nos tenemos que formar a nivel intelectual, sentir curiosidad por todo lo que rodea a nuestra pasión. No hay mayor manera de aprender que la cultura y el conocimiento. Eso es trabajar tu sensibilidad, porque cultivándote tienes mayor criterio, mayor imaginación y puedes encontrar más facilmente una conexión entre las palabras del poeta y tus acciones.
ResponderEliminarMe gusta eso que dice Talma de que los actores más que traducir el pensamiento del autor sin añadir nada deben completar el pensamiento del autor. Creo que tiene mucho que ver con eso que decimos en clase de que nuestra labor es la de encontrar el subtexto, encontrar que de o que no dicen los personajes es más importante que lo que sí dicen y transmitirlo sin salirse de las palabras impuestas por el autor.
ResponderEliminarTambién me acuerdo de cuando leímos a Uta Hagen, que defendía, como Talma, que el actor debe ser culto. Supongo que cuanta más cultura tienes, cuanto más sabes de cómo viven los que te rodean y de épocas pasadas, más puedes completar el pensamiento del autor.
Lo que no llego a entender de este artículo es cómo diferencia Talma entre el actor trágico y el cómico. No habla de diferencias a la hora de abordar el estilo de la escena técnicamente aunque parece creer que estas diferencias sí existen. Lo que yo interpreto de lo que dice es que tenemos que quitarles a los personajes trágicos nuestra visión limitada, maniática y pequeñoburguesa del mundo