Hola, no sé si es problema mío pero el enlace me abre el documento sobre David Garrick. El de Iffland está en el Drive. Os dejo el enlace, no sé si lo podréis abrir porque yo no creé el Drive, de todas maneras seguro que os ha llegado al correo. Besooooos https://drive.google.com/file/d/1vN8dFPdZyE1WCEwd4HR7INCEmjths7ms/view?ts=67f98145
Iffland fue el último de los grandes actores alemanes del siglo XVIII. En su estancia en el Teatro Mannheim, formó un consejo junto a otros actores en el que se discutían cuestiones artísticas (el texto a comentar nace de aquí). Fue aquí donde el actor alcanzó popularidad y prestigio, y pasó a ser actor principal en el Teatro Real de Corte en Berlín. Fue evolucionando del realismo (Ekhof) hacia un modelo menos natural. Desarrolló un tipo de actuación más estudiada.
“El arte más elevado es inseparable de la naturaleza” El autor defiende que el arte más elevado es aquel que nace casi de forma instintiva, que brota como inspiración del intérprete de igual forma que brota en un poeta en un momento de inspiración. No se logra mediante el uso excesivo de reglas ni acciones muy marcadas, sino existiendo un momento vivo de verdad. Creo que este autor tiene un punto de vista muy romántico con respecto al arte, según lo que defiende el artista no tiene que ser formalmente perfecto, sino que tiene que tener una gran inspiración y una gran pasión.
Me ha parecido también muy interesante la parte en la que habla de la oratoria. Acepta la oratoria como algo que puede darse sobre un escenario, pero piensa que no puede emocionar al público. El autor defiende que si una emoción y una técnica interpretativa no respalda esa oratoria, no puede tocar sensiblemente a un público. Hace una crítica a la construcción de un mensaje hablado poniendo atención únicamente a los aspectos técnicos y no a los emocionales, a trabajar la verdad en escena. Estoy bastante de acuerdo con la crítica que hace a esta oratoria técnicamente perfecta, creo que en los estudios que estamos cursando, muchas veces nos sentimos frustrados porque creemos estar aprendiendo en algunas asignaturas de voz una técnica vacía, una técnica aprendida carente absolutamente de emoción y de verdad. Estamos realizando un trabajo en 2025 que Iffland ya criticaba hace dos siglos. Me parece esencial adoptar una técnica y trabajar hasta casi la perfección, pero en nuestro oficio la parte sensible es esencial.
August Wilhem Iffland le presta una atención especial a la naturaleza y su relación intrínseca con el arte. Dice que la naturaleza (y es llamativo que hable de ella él, un alemán que vivió tanto el Sturm und Drang como el Romanticismo) es sinónimo de perfección. Habla tanto de naturaleza como de interpretación de manera bastante abstracta y poética, lo que, claro, hace de este un texto muy interesante para cuestionarse el núcleo de la inspiración interpretativa, pero no es tan aplicable en lo que a técnica se refiere (de ahí pre-stanislavskiano). Iffland habla largo y tendido de la interpretación, habla del arte como algo espiritual que podemos agarrar al fijarnos en la naturaleza, el objetivo del arte no es copiarla sino más bien dejarse guiar por ella. ¿Cómo hacerlo? Creo que es muy difícil no estar de acuerdo con Iffland pero es casi imposible materializar las cosas de las que habla. Sí es posible, sin embargo, saber de lo que habla cuando describe la oratoria y la distingue de la interpretación. Habla del sentido de las dos disciplinas (el orador quiere impresionar, atrapar la verdad y mostrarla; y el actor crear, dejarse llevar por la verdad, transitarla y dejar que se vea). Creo que es un texto muy intuitivo que transmite la importancia de confiar en lo que hacemos desde la sinceridad, ver la interpretación, quizá, no como la vivencia que inventamos sino como la vivencia que descubrimos.
Me parece significativa la enorme influencia que tuvo un movimiento como el Romanticismo en la interpretación del s.XIX. A través de las palabras de Iffland se puede percibir ese lirismo que teñía absolutamente todo en este periodo, pues incluso cuando habla de naturaleza o de interpretación lo hace de manera indefinida, con pocos detalles técnicos u objetivos y dando prioridad a lo sensorial de cada una. Describe la naturaleza como aquello que rectifica el arte, aquello que la guía, y que golpea emocionalmente al artista con una pulsión que le hará triunfar, si la hace caso. Comparto parcialmente la visión de Iffland, que no es como tal una metodología, donde coloca al actor en una posición de ser sensible, y en la que se prioriza dejarse llevar o provocar por los impulsos, pero no la veo del todo práctica a la hora de aplicarla en un proceso. Por otro lado, me sorprende su diferenciación entre teatro y oratoria, una diferenciación con la que estoy de acuerdo, y que creo necesaria. El propio Iffland destaca la intención estética que tiene la oratoria y lo inservible que es hacer dibujos tonales con el fin de impresionar o de atrapar la verdad. Este es el tipo de "técnica" de la que más rehúyo, principalmente porque siento que me limita de manera contraproducente a la hora de trabajar un texto. Evidentemente, no me sirve como herramienta para poder explorar en escena libremente, y la frustración que me genera solo me aleja de lo que, desde mi punto de vista y desde el de Iffland es el verdadero reto para el actor: transitar la verdad y dejarse provocar por ella.
Iffland definde completamente la naturaleza como motor e inspiración del arte. No hay nada más bello que la Naturaleza. A pesar de que comparto fielmente lo que dice, creo que es una mirada un poco difícil de llevar a cabo en tal extremo en la interpretación y en cualquier ámbito artístico. No se refiere a que tengamos que plasmar la naturaleza tal y como es porque ciertamente eso es imposible pero si que se esfuerza en que entendamos que nuestra gran pasión tiene que tener una gran fuerza de inspiración que sea la que la mueva.
"Aquí no hay nada en demasía, nada en escasez, nada se echa en falta". Que desagradable es ver una sobreactuación y que aburrido ver una media-actuación. Iffland, aunque hablando desde un lugar un poco ambiguo, cuando habla de los límites de la naturaleza, enseguida habla del trabajo. Porque realmente ahí está el límite, una interpretación sin un buen trabajo no es natural, es vaga o exagerada/declamada. Un chef michelín te puede hacer una tortilla francesa perfecta, pero no se ha ganado la estrella michelín haciendo tortillas, y mucho menos haciendo esferificaciones de tortillas. Creo que Iffland estaría de acuerdo conmigo en esto. Hablo de repente de cocina porque esta es juzgada por un sentido muy exquisito, el paladar. Y me parece que Iffland juzga la calidad dentro de la naturalidad desde la intuición, desde su propia vivencia, con poco fundamento. Aunque no discrepo con él en lo que dice, creo que si fuésemos a ver una obra de teatro juntos, tendríamos opiniones muy distintas y no podríamos entendernos. Me da la sensación de que con esta visión tan idealizada, espiritualizada, de lo que es lo natural que él tiene, él echaría en falta cosas que a mí me sobrarían. Esto me hace reflexionar que realmente lo mucho que afectan las modas y lo contemporáneo a la hora de juzgar que es bueno y qué es malo.
Hola, no sé si es problema mío pero el enlace me abre el documento sobre David Garrick. El de Iffland está en el Drive. Os dejo el enlace, no sé si lo podréis abrir porque yo no creé el Drive, de todas maneras seguro que os ha llegado al correo. Besooooos https://drive.google.com/file/d/1vN8dFPdZyE1WCEwd4HR7INCEmjths7ms/view?ts=67f98145
ResponderEliminarIffland fue el último de los grandes actores alemanes del siglo XVIII. En su estancia en el Teatro Mannheim, formó un consejo junto a otros actores en el que se discutían cuestiones artísticas (el texto a comentar nace de aquí). Fue aquí donde el actor alcanzó popularidad y prestigio, y pasó a ser actor principal en el Teatro Real de Corte en Berlín. Fue evolucionando del realismo (Ekhof) hacia un modelo menos natural. Desarrolló un tipo de actuación más estudiada.
ResponderEliminar“El arte más elevado es inseparable de la naturaleza” El autor defiende que el arte más elevado es aquel que nace casi de forma instintiva, que brota como inspiración del intérprete de igual forma que brota en un poeta en un momento de inspiración. No se logra mediante el uso excesivo de reglas ni acciones muy marcadas, sino existiendo un momento vivo de verdad. Creo que este autor tiene un punto de vista muy romántico con respecto al arte, según lo que defiende el artista no tiene que ser formalmente perfecto, sino que tiene que tener una gran inspiración y una gran pasión.
Me ha parecido también muy interesante la parte en la que habla de la oratoria. Acepta la oratoria como algo que puede darse sobre un escenario, pero piensa que no puede emocionar al público. El autor defiende que si una emoción y una técnica interpretativa no respalda esa oratoria, no puede tocar sensiblemente a un público. Hace una crítica a la construcción de un mensaje hablado poniendo atención únicamente a los aspectos técnicos y no a los emocionales, a trabajar la verdad en escena. Estoy bastante de acuerdo con la crítica que hace a esta oratoria técnicamente perfecta, creo que en los estudios que estamos cursando, muchas veces nos sentimos frustrados porque creemos estar aprendiendo en algunas asignaturas de voz una técnica vacía, una técnica aprendida carente absolutamente de emoción y de verdad. Estamos realizando un trabajo en 2025 que Iffland ya criticaba hace dos siglos. Me parece esencial adoptar una técnica y trabajar hasta casi la perfección, pero en nuestro oficio la parte sensible es esencial.
August Wilhem Iffland le presta una atención especial a la naturaleza y su relación intrínseca con el arte. Dice que la naturaleza (y es llamativo que hable de ella él, un alemán que vivió tanto el Sturm und Drang como el Romanticismo) es sinónimo de perfección. Habla tanto de naturaleza como de interpretación de manera bastante abstracta y poética, lo que, claro, hace de este un texto muy interesante para cuestionarse el núcleo de la inspiración interpretativa, pero no es tan aplicable en lo que a técnica se refiere (de ahí pre-stanislavskiano). Iffland habla largo y tendido de la interpretación, habla del arte como algo espiritual que podemos agarrar al fijarnos en la naturaleza, el objetivo del arte no es copiarla sino más bien dejarse guiar por ella. ¿Cómo hacerlo? Creo que es muy difícil no estar de acuerdo con Iffland pero es casi imposible materializar las cosas de las que habla. Sí es posible, sin embargo, saber de lo que habla cuando describe la oratoria y la distingue de la interpretación. Habla del sentido de las dos disciplinas (el orador quiere impresionar, atrapar la verdad y mostrarla; y el actor crear, dejarse llevar por la verdad, transitarla y dejar que se vea). Creo que es un texto muy intuitivo que transmite la importancia de confiar en lo que hacemos desde la sinceridad, ver la interpretación, quizá, no como la vivencia que inventamos sino como la vivencia que descubrimos.
ResponderEliminarMe parece significativa la enorme influencia que tuvo un movimiento como el Romanticismo en la interpretación del s.XIX. A través de las palabras de Iffland se puede percibir ese lirismo que teñía absolutamente todo en este periodo, pues incluso cuando habla de naturaleza o de interpretación lo hace de manera indefinida, con pocos detalles técnicos u objetivos y dando prioridad a lo sensorial de cada una. Describe la naturaleza como aquello que rectifica el arte, aquello que la guía, y que golpea emocionalmente al artista con una pulsión que le hará triunfar, si la hace caso.
ResponderEliminarComparto parcialmente la visión de Iffland, que no es como tal una metodología, donde coloca al actor en una posición de ser sensible, y en la que se prioriza dejarse llevar o provocar por los impulsos, pero no la veo del todo práctica a la hora de aplicarla en un proceso. Por otro lado, me sorprende su diferenciación entre teatro y oratoria, una diferenciación con la que estoy de acuerdo, y que creo necesaria. El propio Iffland destaca la intención estética que tiene la oratoria y lo inservible que es hacer dibujos tonales con el fin de impresionar o de atrapar la verdad. Este es el tipo de "técnica" de la que más rehúyo, principalmente porque siento que me limita de manera contraproducente a la hora de trabajar un texto. Evidentemente, no me sirve como herramienta para poder explorar en escena libremente, y la frustración que me genera solo me aleja de lo que, desde mi punto de vista y desde el de Iffland es el verdadero reto para el actor: transitar la verdad y dejarse provocar por ella.
Iffland definde completamente la naturaleza como motor e inspiración del arte. No hay nada más bello que la Naturaleza. A pesar de que comparto fielmente lo que dice, creo que es una mirada un poco difícil de llevar a cabo en tal extremo en la interpretación y en cualquier ámbito artístico. No se refiere a que tengamos que plasmar la naturaleza tal y como es porque ciertamente eso es imposible pero si que se esfuerza en que entendamos que nuestra gran pasión tiene que tener una gran fuerza de inspiración que sea la que la mueva.
ResponderEliminar"Aquí no hay nada en demasía, nada en escasez, nada se echa en falta". Que desagradable es ver una sobreactuación y que aburrido ver una media-actuación. Iffland, aunque hablando desde un lugar un poco ambiguo, cuando habla de los límites de la naturaleza, enseguida habla del trabajo. Porque realmente ahí está el límite, una interpretación sin un buen trabajo no es natural, es vaga o exagerada/declamada.
ResponderEliminarUn chef michelín te puede hacer una tortilla francesa perfecta, pero no se ha ganado la estrella michelín haciendo tortillas, y mucho menos haciendo esferificaciones de tortillas. Creo que Iffland estaría de acuerdo conmigo en esto. Hablo de repente de cocina porque esta es juzgada por un sentido muy exquisito, el paladar. Y me parece que Iffland juzga la calidad dentro de la naturalidad desde la intuición, desde su propia vivencia, con poco fundamento. Aunque no discrepo con él en lo que dice, creo que si fuésemos a ver una obra de teatro juntos, tendríamos opiniones muy distintas y no podríamos entendernos. Me da la sensación de que con esta visión tan idealizada, espiritualizada, de lo que es lo natural que él tiene, él echaría en falta cosas que a mí me sobrarían. Esto me hace reflexionar que realmente lo mucho que afectan las modas y lo contemporáneo a la hora de juzgar que es bueno y qué es malo.